miércoles, 2 de abril de 2014

Por fin, buenas obras sin aburrimiento

Buenas obras. Huelen a mustio, a naftalina. Su tacto es incómodo, religioso. Voy a decirlo bajito, porque soy cristiana: el término “buenas obras” me produce sopor.

El problema de las buenas obras es que en mi mente se han anquilosado en un término de glosario. Tienen que encajar en ciertas categorías: cada una va acompañada de una cajita que puedo marcar “sí” o “no”. Son atemporales, generales, impersonales, y generalmente tienen más que ver con los dones y los talentos de los demás que con los míos propios.

Siendo así tan sumamente aburridas, las ignoro, que tampoco es sano. Pero ahora me pongo a indagar un poco, de nuevo.

¿Qué quiere Dios de mí?
Sinceramente, ¿quiere que me aburra como una ostra?
Sin quitar el mérito de aprender de otros, ¿que siga el patrón de las buenas obras de los demás, pero sin entusiasmo?
¿Y qué esperanza me proporciona esta visión de las buenas obras en este mismo momento, cuando estoy tan hastiada de mi repetitiva vida cotidiana, de las tareas con las que sirvo a mi familia o a mi jefe, del mismísimo suspiro de aburrimiento…?
“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2.10, Nueva Traducción Viviente)
Me llama la atención que si lo miro bien, el lenguaje de Efesios capítulo 2, versículo 10, es artístico. Respira genio, planificación, sueño, color, visión, creatividad, propósito, diseño, magnitud, perspectiva, destreza, luz, inversión, detalle, significado, comunicación, sentimiento, profundidad. “Hechura suya” en la versión Reina Valera, “obra maestra” en la NTV. 

Para que una obra sea maestra, ha de cumplir unas condiciones, 
“ser producto de una destreza técnica y estética llevada a su punto culminante, ubicado siempre entre el polo del ascetismo y de la escasez de medios que consigue crear un mundo complejo de significados, y el polo de la alta densidad de recursos y formas que logran comunicarnos una verdad simple y fundamental no percibida hasta entonces,” dice José Emilio Burucúa, miembro de la Academia de Bellas Artes de Argentina, y por otro lado “hacer patente, con la colaboración de nuestro esfuerzo por entender, una experiencia compartida, que el horizonte cultural del que la obra ha salido juzga como una asociación de sentidos y emociones fundamentales de su vida social e histórica”. (¿Qué es una obra maestra? EL PAÍS, 11 de mayo de 2012)
Me encanta esta definición del sr Burucúa. ¿Cómo es que se puede tener una visión detallada de lo que es una obra maestra humana, y no somos capaces de entender y vivir la visión de la obra maestra de Dios? Dios está invirtiendo toda su destreza en nosotros, llevada hasta el punto culminante, al “más no poder” (sólo hay que mirar a la cruz de Cristo). Consigue crear un mundo complejo de significados, pero logra comunicar, a través de nosotros, una verdad simple y fundamental no percibida hasta entonces: su amor redime. El Gran Artista hace patente una experiencia compartida, entra en nuestra historia humana, lo engloba todo y yo…estoy sumergida en su magnum opus viviente.

Dentro de esa obra maestra, existe una forma de ser, de vivir, dice Efesios 2.10. Dice que el Artista por excelencia me ha hecho nueva para hacer cosas buenas que planificó para mí hace mucho tiempo. No son cosas buenas que yo genero, imagino o plagio sino que forman parte de esta obra maestra total y de la nueva naturaleza que ha puesto en mí (“norma de conducta”, aclara la versión La Palabra). Si él está invirtiendo en mí cual artista, no me va a dar unas tareas sacadas de un libro, no va a ignorar mi pigmento particular o la totalidad de mi vida ni el fin de su obra maestra.

Si yo preparo una actividad para mis hijos con mucha antelación, antes de que siquiera se lo imaginen, lo hago con emoción, con gusto, al dedillo, conociendo la personalidad de cada hijo, anticipando su reacción, recreando el efecto total en mi familia, planificando todo lo que hará falta.. ¡Cuánto más Dios!

Él es el artista de infinita creatividad, el artista maestro por excelencia, conoce a sus creaciones en su creación. Lo que él tenga para mí en ese marco, yo lo quiero.

Esta visión hace que no ande por la vida predispuesta a mis ideas sobre las buenas obras, sino predispuesta hacia el corazón del Artista. ¿Qué pinceladas va a dar hoy? ¿Las veré? ¿Tendré el privilegio de terminar el día con mis manos manchadas de un bello azul cobalto?

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